«Guagua» — así llaman cariñosamente a los niños en Quito. Con esa misma alegría, inocencia y pasión, nacen nuestros pianos.
También fuimos Guaguas mimados que crecieron con un piano. Somos afortunados de tener una herencia maravillosa de nuestros padres y abuelos que nos enseñaron lo hermoso de cantar y compartir.
La música ha sido nuestra unión: Soñamos con llevar sonrisas a ancianatos, orfanatos, plazas y cualquier lugar que necesite un poco de alegría.
Nuestros pianos serán también un legado de identidad e historia de muchas personas que nos dejaron. Gracias por acompañarnos y por ser parte de este sueño.